domingo, 28 de agosto de 2016

Ignorancia digital


Hace poco me invitaron a un programa de radio y sentí en carne propia la existencia de un nuevo tipo de ignorancia: la digital. Uno de sus máximos representantes vendría a ser yo. Y no me refiero a no saber usar Word o cómo buscar en Google. Antes de la nota el locutor repasó todas las aplicaciones que utilizaban y me quiso hacer partícipe de la charla pero yo no supe qué decir de ninguna.

Probablemente quedé como esos tipos que en los 90 decían que no veían televisión para mantener a salvo su cabeza pero la verdad es que no es que me niego a usar aplicaciones por una formación ideológica: directamente desconozco la existencia de ellas o conozco el nombre pero no sé para qué sirven y cuando me entero casi siempre me parece que las cosas que ayudan a hacer las aplicaciones se podían hacer desde tiempos inmemoriales sin ningún tipo de ayuda.

La consecuencia de la ignorancia digital es quedar afuera de la sensibilidad de la época. Lo que percibo es que a mi alrededor las personas están entablando vínculos, ya no fetichistas, sino de tipo romántico con sus celulares, sus aplicaciones. Supongo que en el futuro (no olvidemos que somos piezas de museo de principio de siglo) fenómenos como la canonización virtual de Steve Jobs o una película como Her serán entendidos como síntomas de un cambio de época.

Hay una cierta mística en cazar pokémones, en armar listas de temas en spotify o en filmar algo para vine o periscope que a mí se me escapa por completo. Para los ignorantes digitales (repito: me refiero a quienes no cazamos un Pokémon, no a quienes no pueden por cuestiones socio-económicas) resulta un enigma saber de dónde viene el deseo y la necesidad de esa híper-conexión y ese aggiornamento, tan permanente como demandante, por probar todos y cada uno de los chiches tecnológicos. Tener un blog y ser usuario de facebook ya se puede leer en clave paródica.

Me pregunto también si a largo plazo esa ignorancia (que por ahora sólo se relaciona a situaciones de ocio que no comparto) no será un factor que tienda al desplazamiento social . No quiero ser paranoico pero desenfundar un celular del 2011 en público, por lo menos, provoca risas o una curiosidad concreta. ¿Terminaré usando todas las aplicaciones en boga cuando me vea obligado a cambiar de modelo? Probablemente sí.  

***

Todo esto se me ocurrió porque vi los primeros cinco capítulos de una serie llamada Mr. Robot, alabada por la crítica y el público.   

La serie trata sobre Elliot, un joven talentoso y depresivo (el Messi de las computadoras), que al mismo tiempo que trabaja para una gran compañía informática se dedica a corroer la Matrix por dentro como miembro de un grupo de hackers que quieren provocar un cimbronazo económico al borrar datos fundamentales en bancos de todo el mundo. La serie le debe tanto a Matrix y Fight Club (todo puede estar sucediendo en la mente del hacker melancólico) como a la oleada de filtraciones de datos privados que conmovieron al Poder en los últimos años (la idea de un proto-anarquismo digital sobrevuela la atmósfera opresiva de Mr. Robot).  

Hay series que necesitan que uno pase un filtro: hasta que distinguimos a los personajes o entendemos el rumbo de la trama tal vez nos aburramos bastante. Después del primer capítulo de Mr. Robot creí que iba a pasar eso pero llegué al quinto y, en vez de conmoverme, lo único que me generaba era risa. Y lo peor de todo es que Mr. Robot es una serie con muy poco humor, poquísimo, que se toma tan en serio como Marcos Aguinis en la solapa de sus libros: escenas con ópera, diálogos informático-metafísicos (con escalofriantes analogías del tipo “soy tu peor malware” o “¿erés un cero o un uno?”), reflexiones sobre la vida cada vuelo de mosca, personajes que usan y abusan de las drogas para combatir el bajón existencial por tener la mala suerte de ser millonarios y exitosos. Los monólogos en off de Elliot me sonaban simplemente emos. Su subrayada fobia social se me hacía inverosímil al corroborar que, como en las series de Suar, todas las chicas están enamoradas de él. El grupo de hackers multirracial con un negro, una árabe, una top model, un gordo y un Christian Slater es casi el prólogo de esos chistes donde tipos de diferentes nacionalidades viajan en un avión y uno debe tirarse al vacío.

Y lo que más me llamó la atención y resaltó mi ignorancia: la utilización de un vocabulario técnico (“archivo dat”, “IP”, etc.) que a los entendidos les debe resultar fascinante y a mí no me dice absolutamente nada. Si me hubiese visto en el espejo mientras miraba los capítulos estoy seguro de que tendría la mirada de esos tipos que quedan atrapados en una conversación sobre las distintas formaciones de Pink Floyd y no saben nada de rock o tal vez gusten de algún tema de Pink Floyd pero no pueden entender por qué existe gente a la que le interesa en qué disco Richard Wright no era parte de la banda pero tocó como sesionista.

De la misma manera que existe la cultura rock, también existe la cultura geek. No es casual, entonces, que el imaginario de Elliot gire en torno al del maldito/romántico, los mismos parámetros que en otra época representaban los rockeros: adicciones, sufrimiento, soledad, genio. Tampoco que la Central de los hackers sea un local de videojuegos abandonado frente a un parque de diversiones: toda cultura necesita de una tradición que la sostenga.   

¿Puedo decir que la serie es mala? No, simplemente no tengo las herramientas para entenderla. O carezco por completo de esa sensibilidad. O del lenguaje. O todavía me acuerdo de la letra de la canción de Emmanuel Horvilleur para Hacker.

***

Un amigo me contó que su hija de dos años conoce los rudimentos básicos para manejar un celular de pantalla táctil. El corolario es una imagen tan poética como distópica: a veces, mientras miran la tele, ella se acerca a la pantalla y quiere mover a los panelistas de Intratables con el dedo.

25 comentarios:

José A. García dijo...

Son modas.
Hace 10 años la moda era tener fotolog. Nunca tuve uno, sobreviví lo más bien.
Después la moda fue tener facebook. No tengo, sobrevivo sin preocupaciones.
Después llegó el pajarito azul, el instagram y todo lo demás. ¿Para qué?

¿Para estar a la moda?

Gracias, paso.

fisasti dijo...

Entiendo completamente la sensación que planteás en la primera parte del artículo respecto a la nueva sensibilidad de la época. Uno puede no compartir eso, no tener Whatsapp, no interesarse por tener un teléfono mejor, no tener Instragram, etc. Sin embargo, creo que estás homologando dos situaciones que son fácilmente confundibles pero que no son iguales, esto es, sentirse alguien que va al margen de la moda tecnológica y estar por fuera de la cultura geek o hacker. En principio creo que es bastante más complejo, pero lo que sí puedo afirmar es que no es lo mismo cultura hacker que usar Periscope o la red social que se te ocurra.
Te hablo desde mi experiencia personal. Hasta hace unos meses (o un año) tenía un teléfono sin Whatsapp, Facebook es la única red social que tengo y tengo bastante aversión por las manifestaciones públicas en redes sociales de ciertas cosas (aunque con el tiempo pude dejar de juzgar varias). Sin embargo, desde que uso computadoras que tengo la curiosidad por tratar de entender dónde puede haber una falla, una vulnerabilidad, un error en un sistema. Tenía la base de datos de alumnos del colegio y tenía el celular más choto de todos. ¿Sabés cuántas veces me dijeron: "¿Qué hacés con ese celular? Te hacía re tecnológico a vos".
Por otro lado, no hay "personajes que usan y abusan de las drogas para combatir el bajón existencial por tener la mala suerte de ser millonarios y exitosos". ¿Quién es millonario y adicto? ¿Te referís a Elliot? También me parece precipitado tratar de emo al personaje si no llegaste al capítulo ocho o nueve, es más complejo que tomo morfina todos los días porque estoy deprimido.
No creo que no tengas las herramientas para entender la serie, creo que la estás juzgando con lo que ya tenés a mano. Creo que el planteo de un hackeo en simultáneo de puntos centrales del sistema financiero es, por lo menos, interesante.
Un abrazo!

Corvino dijo...

Y qué tendría de malo que sea un emo? Me estoy criticando a mí eh, ahí me salta la ficha. Que sea emo no quiere decir que el personaje sea malo. Si, me refiero a Elliot con lo de millonario y adicto. Creo que presupuse (tal vez en forma errónea) que esa utilización de aplicaciones, etc. conlleva cierta fascinación por la figura romántica del hacker. Por otro lado más allá de la parte hacker de la serie, no me cerraron los textos, los personajes, como que, hablando mal y pronto, cagan más alto que su culo, pero eso es más subjetivo (me refiero por ejemplo a los monólogos de Elliot, como que quieren ser True Detective/Trainspotting/El club de la pelea y son la cáscara vacía, pero, sigo aclarando, es una opinión subjetiva, tal vez a otros esos monólogos les parezcan copados). Saludos.

Iñaki Rubio dijo...

Muy bien escrito y virtualmente incorrecto, sera nuestra nueva etiqueta? Abrazo.

Iñaki Rubio dijo...

Muy bien escrito y virtualmente incorrecto, sera nuestra nueva etiqueta? Abrazo.

fisasti dijo...

Sí, lo que quería decir con lo de emo es que emo es un término bastante superficial para alguien que es un psicótico. Por favor, mirá 3 episodios más jaja

Corvino dijo...

Los voy ver, me convencieron por acá y por facebook, soy re geek (?).

Pedro dijo...

Lo que pasa con todas las redes sociales y lo que va saliendo en tecnología, o incluso con las series, es que parece que se auto-explicaran, o que nos hubiéramos perdido la parte donde daban la noticia de para qué sirven y por qué todos ahora las vamos a usar y ver y hablar al respecto y olvidar todo lo que haya pasado hasta entonces. "La foto de un perrito que revolucionó las redes sociales" me parece más una expresión de deseo y manija de los medios, y a otro nivel -el real- un modo consensuado de perder el tiempo, que la pretendida herramienta transformadora definitiva y universal. Que pasan cosas interesantes, de vez en cuando, es cierto, pero son la excepción y pasan en internet por comodidad o por resignación, no por esencia. La revolución, es mi opinión, no será compartida en las redes sociales.

Hernando Tejedor dijo...

Mr Snobot.

Anónimo dijo...

Primera vez que comento en el blog. Muy bueno por cierto. Coincido en que hay aplicaciones que no tienen ningún tipo de sentido práctico, pero que por moda se terminan usando. Lo llamativo del fenómeno de las redes sociales es que cuando apareció Facebook parecía que había llegado la red definitiva y total, porque englobaba todo (subir fotos, publicar opiniones, el chat). Y sin embargo, con el correr del tiempo, se fue desintegrando a través de otras aplicaciones más especializadas (Instagram, Twitter, Whatsapp). De todas formas, creo que Whatsapp y Spotify son posiblemente las mejores aplicaciones que haya, básicamente porque están diseñadas para un alcance rápido y efectivo y las considero realmente útiles, que en un principio fue el motivo de todas las aplicaciones.

P. Mastrángelo dijo...

Modelo 2011? Yo hasta hace días tenía uno de 2013 y en el subte medio que casi quedaba en offside.
La verdad que no me da tanto la cabeza o el intelecto para reflexionar sobre eso, al menos de la boca para afuera; conservo un margen de "resistencia" que se reduce a apagar el puto aparato a la noche, o a ignorarlo olímpicamente cuando me siento a escuchar música, y le dedico esa hora y pico a ESO y solo a eso. Discos físicos, de cualquier formato. A Spotify –que me parece interesante– lo exprimo en el trabajo: solo en tiempo productivo.

Como decía, no sé si es que no me da el intelecto, pero lo que es seguro es que hay gente que lo hace mejor; esa es la razón por la cual, de manera tardía, flasheé como un zángano con la serie Black Mirror.

Reciba ud. un saludo cordial


P. Mastrángelo dijo...

Perdón, me quedó algo en el tintero. Hay algo de estos tiempos que me rompe mucho las pelotas y es lo que llamo la "prepotencia digital". Eso de querer todo ya y en un click, y si no está, o bien no existe o bien puteo y paso a otra cosa. Es algo que descubrí en mi escasa experiencia en Taringa.. resulta que subía reseñas y no había enlace de descarga; ¡si me habrán puteado! ¡Muevan el culo, hijos de puta! También se enervan si no encuentran un texto (ya no libro); otra vez, ¡muevan el culo, hijos de puta! Y el recital de Nick Cave que nadie filmó, ¿existe? Imagínenlo, hijos de puta.

Soy un emo? Soy un dark? Como D'arktagnan... Como el Loco Darklla libera? dijo...

No me gustó para nada. Vi unos capítulos(dos o tres) con mi novia y verdaderamente me pareció una cagada. No porque el protagonista tenga menos onda que Pedro Aznar tocando un tema de Spinetta, o porque algunas escenas tengan menos verosímil que los campeonatos que gana racing, sino porque me pareció que los actores no podían finalizar un diálogo (una oración) sin irse, como quien dice
,por la arbolada(?). Como diría Bolaño, pero refiriéndose a Huidobro: Me aburre un poco. Demasiado paracaidista que desciende cantando como un tirolés. Son mejores los paracaidistas que descienden envueltos en llamas o, ya de plano, aquellos a los que no se les abre el paracaídas." Creo que a mi novia tampoco le gusto. Le pregunto ahora y me dice que no, que ayer vio un capítulo y medio más y que definitivamente es una cagada. No sé. Mi voto es negativo(?). Eerie Indiana, creo, es una buena serie para pasar un domingo encerrado y sin sentirse como ese personaje que deambula cómo un muerto que sabe que está muerto en un domingo infinito(?). Abrazo corvi

Cuore 2 Duo dijo...

A propósito de esto cuento una anecdota que me resultó graciosa:
Dias pasados un familiar tuvo familia y ese mismo día le mandé un saludo via sms
Dias mas tarde cuando se reintegra a su laburo despues de la licencia por paternidad se conecta al messenger (ahora skype) y me dice:
- Che boludo, me asustaste !
- Por ?
- El telefono me hizo un ruido raro que desde que me lo compré nunca había escuchado e investigando pantallas para ver de donde había venido... encontré tu sms !! Me mandaste un sms hdp ??? jajaja
- ....

claudia dijo...

Es cierto que a veces, por cierto grado de rebeldía etaria, nos abroquelamos defensivamente en el analfabetismo digital (lamento ser tan cruda pero es que, como vos, también desatiendo aplicaciones cuyo valor social no me parece tan relevante pero que me conducen a aislamiento comprobable). De donde parecería que los verdaderamente anarcos... terminamos resultando los que voluntariamente nos excluimos de esa parafernalia cibernética y de la dictadura del Me Gusta o "hablame aunque no tengas ganas y yo tampoco la tenga por escucharte".
En realidad, valoro todavía lo presencial y lo auditivo y me parece imbécil que gente que tiene disponibilidad económica para sostener una conversación telefónica - fija o celular -me condene a un sms si no necesita ahorrar dinero y resulta que podemos escucharnos la voz testeando tonos e inflexiones de modo de evitarnos esos equívocos frecuentes al usar mal el dedito o al estar constreñidos a 140 perros caracteres (no es lo mismo una comunicación simultánea que el discursete almidonado de un whatsapp - creo que hay también, por ahí, una vocación de locutores frustrados -). Insisto...¿por qué renunciar a mi oído?
Pero comprendo que, hasta laboralmente, es más probable que nuestro jefe, en ausencia, nos contacte por esas vías, lo que no quiere decir que debamos llevar las relaciones próximas y más íntimas, a esa instancia de intermediación, permanentemente. Porque resulta muy revelador que usemos la pausa en el diálogo. Sea un mensaje, sea un whatsapp, hay una arbitrariedad inicial de quien inicia la secuencia de contacto y el orden de respuestas: primero yo, después vos, a tu turno, y sin apelaciones en el medio. No es un diálogo un contacto así, es lo más parecido a un monólogo contestado por otro monólogo.
La pregunta que me haría es cuán trascendente es lo que nos estamos diciendo unos y otros, en la actualidad. Si no subyace un temor oculto a que, lo que estamos intercambiando, es en realidad demasiado irrelevante como para merecer grados de proximidad sensorial. ¿usamos una aplicación determinada porque nos cae la invitación de diálogo y alguien busca nuestro parecer, o sencillamente porque somos miembros nos obligamos, sin ganas, a responderla?
Repito, comprendo la utilidad laboral/educacional de whatsapp o que alguien utilice Instagram para promocionar sus productos, por ejemplo, pero para las relaciones de proximidad emotiva, desde lo procesal, me parecen soportes mucho menos sintéticos que dirimir temas con cierto grado de simultaneidad, más no sea, sonora. Está fenómeno para relaciones a distancia geográfica pero en las cercanías, me huele a descompromiso de vínculos, a descuido indisimulable, a "estoy atendiendo... pero no tanto". Acerca de los demás soportes, me dan pinta de que son recursos más autoconfirmatorios de subjetividades que se perciben, inconscientemente, algo frágiles (porque el Otro está dibujado o es un sujeto deliberadamente indefinido, del orden, me da lo mismo Chana que Juana).
Resumiendo: me pregunto qué pasa que elegimos monologar.
En cuanto a Mr. Robot, no me enganché con ella. No porque no entreviera - a pesar de mi analfabetismo digital deliberado - por dónde pasaba (lo que no conocés lo podés rellenar con imaginación, si la tenés, por supuesto), sino porque al vivir en estos sures candentes, los devaneos filosófico-pochocleros del Norte, no me tocan la epidermis demasiado. De última, si decanto por exotismos, me pegan más distopías como Black Mirror o la asfixiante Flesh.. Saludos.

cavernícola dijo...

Coincido con el que dijo que Whatsapp es mejor que Facebook, en Facebook te puede generar problemas subir fotos de la poronga.

Tuco Salamanca dijo...

Creo que en primer termino se debe releer al Corvino con su "Autoayuda imperativa" http://ilcorvino.blogspot.com.ar/2009/11/autoayuda-imperativa.html sí, el tipo vio la jugada un monton de tiempo antes, de que blog se ha escapado este hombre que con un fósforo (o la linterna del celular) ha visto la tormenta crecida. Deje fb despues de entender que me conectaba con gente que de verdad no me interesaba y que una vez que publique cosas a favor del kirschnerimo me bloquearon. No creo en la ignorancia digital, no usar una determinada gama de aplicaciones puede dejarte abajo en un par de charlas pero despues de usarlas unos dias ya está. Dolina habla de los que te corren con "yo tengo calle", aca podemos poner "yo tengo aplicaciones" y... cuanto se tarda en aprender a usar esto o aquello, poco tiempo. Si creo en el analfabetismo digital, que es una cosa totalmente distinta. Mi hijo de cuatro no entiende que haya publicidades cuando mira algo, en mi casa no tenemos television asi que todo es con la computadora, cuando vamos a la casa de algun familiar y le ponen la tele él quiere elegir el programa, maneja el mouse mejor que su abuela y sabe buscar sin saber leer pero eso solo se debe a que es un nativo digital, un nuevo consumidor. Lo que lo puede hacer diferente es tener un conocimiento del alfabeto digital, de programar, de poder modificar su entorno en terminos de aplicaciones, algo de lo que pregona Paenza hace años que se enseñe en escuelas lenguaje programático. Los hackers mal que nos pese, tienen un conocimiento que no todos manejamos. Hollywood se ha encargado de generarnos un imaginario que como siempre dista mucho de lo real, viajan en bondi, tienen laburos medio pelo a veces bien pago y cogen con la recepcionista. Entre esos, como en el futbol hay tipos distinos y esos cotizan un monton más. Como en Swordfish pero sin garcharse a Halle Berry ni descubrir algoritmos cuadriticos. Es mas facil de lo que parece pero eso no lo hace facil. Un universo nos pasa por atrás pero Il Corvino forma parte del 2% que genera contenido para internet para que otro 8% lo reproduzca para que otro 90% solo lo consuma creo que debes saberte parte de eso. Recomiendo como otros la serie Black Mirror para entender que la mierda nos esta llegando al cuello y este texto de el gato y la caja https://elgatoylacaja.com.ar/como-agujas/. Saludos Martin usted no esta solo en este encuentro.

Anónimo dijo...

Disculpa la digresión Corvino, obtuviste el especial de Charly de la Rolling Stone? qué te pareció? Vale la pena?

claudia dijo...

Gracias por tu orientación “blogográfica”, Tuco. Leí el post de Autoayuda Imperativa y coincido con cada frase. Es cierto, costará su largo tiempo abolir la dictadura de las apariencias y deshacerse de la muleta ortopédica de la imagen – cultura de la imagen, paradójicamente, iconoclasta, porque vacía de sentido el referente inicial, como bien apunta esa joyita coreana de Byung-Chul Han - .
Recuperar los sentidos, todos, será tarea urgente si todavía queremos ser humanos. Y es cierto, el silencio, sea reflexivo, o no lo sea, es un valor. La gente le teme mucho al silencio. Los ojos tampoco sirven solo para acumular imágenes, te traen preguntas silenciosas muy valiosas.
Muchas veces me pregunto qué pasaría si Internet dejara de funcionar una semana: habría gente tirándose desde las azoteas. Escribo aquí, pero podría no hacerlo, no me desintegraría si mañana no hubiera una red. Pero observo que otros sí colapsarían. Porque no salieron a hacerse de contenidos genuinos, a su medida, sino que se avinieron a acumular dispositivos para traficar lo poco que se animaron a buscar.
Tuve y me bajé del Facebook. A nadie le interesaba verdaderamente compartir. Y soporté bien poco la dictadura del Me Gusta para cada pelotudez que posteaba mi círculo. Esto de subir fotos de los pibes todos los días... como si ser padres se equiparara a haber descubierto la fusión nuclear. Tuviste un pibe, loco, ni más ni menos que eso. Además, la gente se mataba por política, como si cada uno la tuviera clarísima. Hoy veo madres que whatsappean con hijas renunciando a escucharse en tiempo real, sometidas a una cultura que todo lo mediatiza. ¿Pero qué boludez es ésa? Flaca, no tenés la vida comprada, escucháte con tu hija que no sabés cuánto durás sobre este planeta.
Pero ¿sabés qué pasa, Tuco? Esto no empezó con Internet. Ya en los 80, cuando nos dibujaron desde el tramposo I & Company (sí, esos vendedores de autos usados en el desierto de Sonora que son los marketineros... turros mercachifles) y nos convencieron de que no éramos personas sino empresas unipersonales que se ofertaban en joint venture a un empleador, por ejemplo, la cosa comenzó a pudrirse. Y así las reuniones de familia dejaron de ser el rejunte de enteros y partidos que intercambiaban experiencias de vida, sin catalogar y sin juicio sumario, para resultar un rol playing de meros portadores de curriculum. Fue cuando las familias empezaron a manipular un discurso único, a tratar de mostrarse sin fisuras en los cumples, como si estuvieran en presencia de imaginarias empresas de recursos humanos, rindiendo examen de aptitud funcional. Los 90s acentuaron esto: estábamos hechos bola, con los vínculos sociales estallados y había que reinventarse los andrajos y muchos optaron por la careta de la Sra.Supersónico, ésa que la mina se ponía para atender el videófono cuando debajo de la máscara, estaba destruida. Entonces, las navidades se volvieron de plástico. ¿Qué grieta? Esta destrucción de sentidos y ocios inocentes ya estaba en extremaunción desde entonces. Internet solo maximizó la podredumbre de esos ochentas mundialmente dictatoriales.
También coincido con que no hay respuestas para todo, no tiene por qué haberlas. Mataríamos a la imaginación, de tener una respuesta certera para cada situación. Googlear no nos va a salvar de la ignorancia, tal vez la maquille un poco, nada más. Y adhiero a esto de terminarla con la traición y la burla hacia los otros. Es cierto, la bondad está primera en la lista. Si no te sale, vale la pena que hayas intentado probarla como curso, al menos, inicialmente. Muy buena recomendación, Tuco, y gracias, Corvino, por permitirte postear herejías. Son saludables. Hasta la próxima herejía, entonces.

P. Mastrángelo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
cavernícola dijo...

No hay que generalizar, claudia, a algunas madres, y a algunos hijos, más vale tenerlos en el whatsapp que en carne viva.

nslg dijo...

Yo no tengo celular. A veces, cuando me preguntan y respondo que no tengo, me hacen sentir un poco la incomodidad. Y a veces, entonces, miento: digo que lo perdí, que me lo robaron. Cosas así.
Igual, no me parece que lo necesite demasiado.
Escucho hablar a la gente en la calle, en el tren, en el bondi, pispeo sus mensajes, y no me parecen imprescindibles las cosas que dicen. De hecho, a veces sus palabras me hacen recordar a lo que dicen los participantes de los realities cuando comentan, mirando a cámara, una situación que vivieron en el programa y que acabamos de ver.

Es más: uno de los usos más ridículos del celular es usarlo para decirle a alguien que ya llegaste a su casa, que estás en la puerta. Eh, amigo, ya hay una aplicación para eso: se llama timbre.

Igual, aunque no tenga celular, sé que Telegram es mejor que Whatsapp.
(Y tal vez por no tener celular, o por no estudiar hace mucho, es que no entiendo la "utilidad educacional de Whatsapp": ¿No me digas que mejoró la calidad de la educación gracias al WA...?).

Anónimo dijo...

Yo soy un ignorante digital como usted Corvi y me gustó mucho la primer temporada (la segunda aún no la vi). Los encuadres, la música, los textos. La sensación de que la misoginia en el ámbito corporativo no ha cambiado demasiado desde los tiempos de Mad Men. Y ese Dr House hacker que es Elliot. Algo debe tener la serie que generó en los megados tecnológicos esa rareza ausente en otras redes (y a veces también acá): comentarios extensos e interesantes casi sin chicaneo.

Saludos

Unknown dijo...

Interesante publicacion
Quiero decir que no entiendo la gente que filma todo.... un evento unico , espectacular.... una final de copa libertadores... de mundial de futbol...el recital esperado 15 años.... y estan pendiente de lo que filman y no prestan atencion al instante, al momento irrepetible que estan viviendo . no es lo mismo verlo despues grabado... estan todos locos !

yo de nuevo dijo...

Si al menos se trata de un evento trascendental, bueno, hasta podría comprender que en este tiempo donde parece que las cosas solo son si están en una pantalla, algunos-muchos se entusiasmen y coqueteen con el poder de poner en pantalla, aunque sea una módica y personal pantalla.

Pero esos pelotudos que, en el Mundial, en los JJOO, dejan de prestar atención al partido para sacarse una selfie con la pelota que se fue a la tribuna tras un disparo higuainesco (?), ¿cuál es la onda, capoooooo?