martes, 5 de enero de 2016

Hablemos de langostas


Hace poco me enteré de la existencia de una aplicación para celulares a través de la cual nos podemos poner en contacto con personas que tienen la misma aplicación y comparten el mismo espacio físico que nosotros: la calle, un colectivo, la playa. Por lo menos eso entendí. Se supone que esta aplicación o red social facilita que las personas tengan sexo, formen una pareja o se tomen una birra pero yo creo que facilita el trabajo a los psicópatas. El terror a la soledad puede llevar a las personas a interpretar de manera demasiado literal ese verso de Miguel Abuelo en el que se acercaban tiempos difíciles y amar era urgente.

The Lobster, la película sensible del verano (como hace un par de años lo fue Her), me recordó a esa aplicación. Es más, creo que en cierto punto, tal vez en forma involuntaria, es una alegoría y una hipérbole sobre ciertos aspectos relacionados con la industria del amor digital del nuevo siglo.

Las reseñas dicen que la película está ambientada en un futuro distópico, aunque en ningún momento se menciona un año determinado y más bien todo indica que es un presente alternativo.

(Debe existir un artículo de Jaime Rest o Pablo Capanna distinguiendo futuros distópicos de presentes alternativos).

La cuestión es que en The Lobster los solteros son confinados a un hotel donde tienen cuarenta y cinco días para encontrar pareja. Tienen la posibilidad de ganar más días eliminando compañeros en cacerías cuerpo a cuerpo en un bosque cercano al hotel. En cierto punto The Lobster parece una película para adolescentes protagonizada por adultos, al estilo Los juegos del hambre. Y no está nada mal. En caso de cumplirse los días estipulados los solteros son convertidos en un animal a elección. El protagonista (Colin Farrell) elige una langosta, de ahí el título de la película.     

The Lobster por momentos parece un cuadro de Magritte o un cuento de Felisberto Hernández, en el sentido de que bajo el camuflaje de una estética atractiva se esconde una mirada macabra y despiadada sobre los rumbos de la Humanidad. Pero por suerte no es de esas películas para esnobs a las que sólo le podemos elogiar "la fotografía": la narración está a la altura de su pirotecnia visual. Eso es lo que el Indio Solari llamaría "un cóctel que no se mezcla solo". 

La unión de las parejas debe estar determinada por similitudes biológicas y así es como algunos personajes son capaces de dañarse físicamente o fingir personalidades para lograr una empatía artificial. Más o menos lo que sucede en el Planeta Tierra pero a volumen muy alto.

Tangencialmente la película sostiene ciertas máximas amorosas colectivas, como por ejemplo que cuanto más desesperado se esté por encontrar pareja, más difícil es conseguirla. Es casi una película de tesis.

Promediando la historia nos enteramos que, en forma paralela a esta dictadura de las parejas, se encuentra un grupo subversivo que vive en las inmediaciones del Hotel y promueve la soledad como única forma de vida posible: cada integrantes del grupo se cava su propia tumba y no está permitido el sexo ni la empatía, sólo la masturbación y bailar solo con auriculares. Por supuesto la prohibición actúa como el perfecto anzuelo del deseo. 

Yorgos Lanthimos, el director griego de esta hermosa freakeada, ya había demostrado que era un hermoso freak en la imprescindible Kynodontas (2009). Al igual que The Lobster, Kynodontas ensayaba distintas y brutales maneras de regular el deseo, en ese caso con un padre de familia perverso que llegaba a inducir al incesto con tal de que sus hijos no conozcan el mundo. En The Lobster Lanthimos además se pregunta qué cosas es capaz de hacer un ser humano para no estar solo. La respuesta es que puede llegar a convertirse en una bestia. Así que: ojo.   


5 comentarios:

Julián Medina dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Extraña película, con esa premisa puede ser un verdadero desastre como algo innovador.
Lo del confinamiento de los solteros recuerda a los espartanos, para quienes era obligatorio casarse.
Es un detalle significativo que la resistencia a eso tan absurdo prohíba el sexo, o sea un absurdo para resistirse a otro absurdo.

Anónimo dijo...

Mundo in mundos, la mejor canción de los segundos Abuelos,
a pesar del horrible arreglo de viento

Un hilo de la vida
dice a los que la vemos
que no hay malo ni bueno
si uno se pone a salvo

Alma vacía dijo...

Aguante Canino.

Jo Goyeneche dijo...

Esta lectura me la guardaba para cuando viera la peli.
Otra utopía negativa! es un poco Huxley todo esto, y hay algo de Baricco, pero un poco menos naif y más simétrico y un poco más o menos sarasa.
Canino me gustó mucho, creo que me alegra que el griego con un presupuesto mayor, un elenco más hollywood y y toda esta cosa hizo una peli muy buena.
Y creo que nunca usaría Happn por miedo a la posibilidad de conectarme con mi propia novia o con mi vieja.

pd: no seas tan estricto IlCanino, es bastante más que una casi tesis!!
pd2: yo sigo golpeándome la nariz, que se yo.
pd3: estas entradas tuyas son mucho mejor que las contratapas de página 12, no se bien qué significa eso pero voy a seguir diciéndolo.