jueves, 13 de julio de 2017

La historia sin fin


I

En el primer capítulo de su reciente libro 56, que se puede leer gratis en algunos sitios de Internet como gancho para comprarlo, Jorge Lanata se refiere al grupo que conformaba el dream team de la primera época de Página 12 y dice “incluso nos tocó un psicótico que —Argentina, Argentina— con los años se transformó en un escritor de culto”. Desconozco si en los capítulos posteriores Lanata revela el nombre del psicótico pero todo indica que se trata de Salvador Benesdra. Y si no lo es, porque es probable que en ese célebre dream team hubiese varios psicóticos, no importa.

II

Hoy Lanata es una de las estrellas de Canal 13. Más que de política, sus programas son de anti-política, tanto es así que se lo señala como uno de los artífices de la victoria de Cambiemos. Muchas de las muletillas que utilizan los comentaristas seriales de las redes sociales (que combinan odio de clase, individualismo y crueldad) parecen ser continuaciones de las partes más brutales del discurso de Lanata. Por supuesto, Lanata no inventó el desdén por las políticas inclusivas pero supo captar ese espíritu de los tiempos y plasmarlo en un show que se convirtió en un nicho de pertenencia de la clase media argentina moderna. Aunque el histrionismo y la teatralidad siempre fueron parte de su estilo, muy atractivo por cierto, ahora añadió a su stock estético el stand up y sketchs con imitadores que parecen salidos de las peores temporadas de Videomatch. Hay algo en el ritmo de la voz y en la respiración de Lanata que habría que estudiar bien para entender su éxito a través de los años. Algo relacionado a lo actoral. Incluso sus fracasos son exitosos.

III

Una vez le pregunté a mi viejo para qué veía Tiempo Nuevo si odiaba a Bernardo Neustadt. Para putearlo, me contestó. Yo tenía 8 o 9 años y no entendí. El otro día intenté ver el inicio de Periodismo para Todos y me acordé de esa escena noventosa.  

IV

Salvador Benesdra, por su parte, se suicidó en 1996 y es el autor de El Traductor, una novela que cuenta con la distinción y el lastre de ser literatura para escritores. Del mismo modo que Zappa o Prince cuentan con el lastre y la distinción de ser música para músicos. Elvio Gandolfo escribió el prólogo de la reedición que hizo Eterna Cadencia hace algunos años. Fabián Casas también se refirió a Benesdra. Una de las pocas cosas que sabemos en la vida es que si Gandolfo y Casas dicen que tenés que leer un libro, es probable que tengan razón. Piglia decía que Borges no necesitaba que alguien le diga que un libro era bueno, él ya lo sabía de antes. Algo similar se puede decir sobre Casas, sobre Gandolfo y sobre el mismo Piglia. Pero la expectativa que generan estos lectores-faro muchas veces es tan grande que al encontrarnos con el texto se produce un efecto negativo. Después de lo que dicen Casas y Gandolfo lo menos que se puede esperar del libro en cuestión es un viaje alucinado estilo La historia sin fin. Y algo de eso hay.

V

Desde hace varios días todos hablan del capítulo 8 de la nueva temporada de Twin Peaks. Probablemente para satisfacer las expectativas creadas deba ver ese capítulo dentro de treinta o cuarenta años cuando ya me haya olvidado que se trata de una obra maestra. Quiero decir: a las obras maestras mejor descubrirlas sin saber que lo son. Mejor que nadie te diga que son obras maestras. Es como si alguien te presentara a tu futura novix y te dice: “Acá está el amor de tu vida”. Salís corriendo. Y esta época es una cagada en ese sentido porque se anuncian discos y series nuevas que sabemos que van a marcar algún tipo de hito antes de que existan. El Traductor, por ejemplo, es una obra maestra pero si alguna vez me decidiera a escribir sobre ella nunca diría que lo es.

VI

Sin embargo las obras maestras tienen un plus, de otro modo no lo serían. Cuando las leés no encontrás exactamente eso que te habían contado sino algo totalmente diferente. Recuerdo mi sorpresa al leer Operación Masacre. Yo había leído mucho sobre esa novela pero ninguna monografía me había dicho que había unos tipos encerrados en una casa escuchando el relato de una pelea de boxeo. Ninguna monografía contaba que uno podía sentir la tensión, incluso el sudor, de todos esos tipos juntos. Es decir, aunque suene muy reseñador profesional: la obra maestra se resiste a ser clasificada y encuentra una nueva faceta con cada nueva lectura.

VII

Como varias de los grandes libros de la literatura argentina (pienso en Facundo, en Los 7 Locos, en Zama) El Traductor tiene un aroma profético que tal vez, más que a la clarividencia del autor, se deba a la dinámica cíclica de la historia. El protagonista es Ricardo Zevi, un intelectual brillante que todos vinculan como obvio alter ego de Benesdra. Zevi es alguien que, puesto en una hipotética conversación, no dejaría meter un bocado a Horacio Oliveira o Emilio Renzi. Trabaja como traductor en una editorial de izquierda, Turba, aparente sucedáneo de Página 12, aunque leerla en ese plano tan coyuntural sin dudas deserotiza el efecto de lectura. No sé, yo prefiero que las golondrinas de Plaza de Mayo sean golondrinas. Zevi está obsesionado con Brockner, un pensador de derecha que debe traducir y que refuta cada una de los ideales de su formación ideológica. El feedback deforme entre Zevi y el fucking Bruckner, a quien seguramente le gustaría vivir en nuestra neonazi Mar del Plata, es un poco el que tenemos a veces con figuras con Neustadt o Lanata. Nos confirman que estamos del lado correcto pero si nos pasamos de rosca tal vez terminemos pensando como ellos.

VIII

La novela está situada a principios de los 90 y el ruido de fondo es la caída del Muro de Berlín, el fin de las ideologías y el avance arrasador del neoliberalismo, que comienza a filtrarse en Turba por ciertas situaciones de precarización laboral que después concluyen en un conflicto dramático entre los dueños de la empresa y gran parte de los trabajadores. Al mismo tiempo Zevi, al filo de la locura, conoce a Romina, adventista salteña con la que inicia una relación enfermiza cuyo desarrollo incluye varias escenas que un escritor de la actualidad pensaría varias veces antes de publicar si no quiere aparecer fusilado mediáticamente en Twitter. Las confusiones básicas autor/narrador están a la orden del día. La novela, entonces, alterna la vida pública de Zevi (los conflictos gremiales, el vínculo pendular con sus compañeros de trabajo) con su vida privada (los conflictos sexuales con su pareja, la expansión del germen de la locura). Frente a la intensidad morbosa del binomio Zevi/Romina el detallismo neurótico con que se narran las discusiones gremiales puede parecer un plomo. Sin embargo, ese plomo es el que posibilita que las desventuras de la pareja adquieran mayor efecto. Una canción no puede ser puro estribillo. Eso es un jingle. Otra cosa que me gustó de El Traductor son los diálogos extensos, totalmente anacrónicos y poco pertinentes en el marco de una novela que no sea del siglo XIX. Esto nos dice que un tipo inspirado puede hacer casi cualquier cosa y le sale bien.      

IX


El Traductor no es un libro que tranquilice y a veces es un libro que te expulsa, que preferiríamos no leer. De hecho las personas que conozco y lo leyeron compartieron conmigo cierto sentimiento inquietante que se esparce por estas páginas de mierda, tan actuales. Con algunos libros, incluso muy buenos libros, uno siente que está perdiendo el tiempo, que la experiencia está allá afuera y hay algo del orden de lo inmoral en la idea de evadirse. El Traductor es un libro que provoca el efecto contrario. La “realidad” pierde densidad a medida que la novela cobra vida. ¿Qué más se le puede pedir a un libro?        

lunes, 3 de julio de 2017

Escritos de un gallina indecente


El homenaje a Cavenaghi activó una estúpida y atractiva polémica con respecto al panteón de ídolos riverplatenses.

La transmisión combinó el humor chabacano, los golpes bajos, el sentimentalismo forzado y el mal gusto habituales del estilo Telefé. Unos ex-Videomatch se obstinaron en exceder su rol de agitadores y en más de una ocasión me pregunté cómo podía ser posible que mientras en “el verde césped” Ortega se la pasaba a Gallardo, los conductores hicieran chistes malos con jugadores de tenis o personajes de la farándula sentados en el banco de suplentes. Por más que nadie puede tomarse en serio un partido homenaje, más cercano a un show televisivo que a un evento deportivo, hubo algo cercano a la falta de respeto y de entendimiento de la vida en esas actitudes que se pretendían graciosas y eran más bien ridículas. A veces la gente que se cree "divertida" colabora para arruinar el mundo con una efectividad deslumbrante.   

Pero si hubo algo que generó serios escalofríos en lo más profundo de mi ser gallináceo es la presentación en la que los jugadores invitados entraron a la cancha. Que Astrada y Hernán Díaz no hayan sido ovacionados como sus trayectorias lo merecen puede ser entendible dado que más allá de su obvia identidad riverplatense, nunca fueron esos cracks sofisticados que los hinchas de River acostumbran a retratar en las banderas. Astrada y Hernán Díaz son dos obreros, indispensables para levantar los cimientos de una hermosa parte de la historia de River, pero que siempre se sintieron cómodos y agradecidos en la tercera o cuarta fila.  

Tampoco podía indignarme que no supieran quién era el Pichi Escudero, reemplazante de Monserrat surgido en Colon si no me equivoco, o Alejandro Saccone, más conocido por su participación en TyC Sports que por ser el eterno suplente de la década del 90. No sé si llegó a ser suplente de Sodero, Zeoli y el Gato Miguel pero tal vez sí. Me pareció entendible que recientes campeones de la Libertadores como Mercado y Vangioni sean ovacionados. O que Gallardo se llevara, sin dudas, el primer puesto en el aplausómetro. O que mi adorado Ponzio reciba tanto cariño como Ortega, por más que no haya comparación posible. Quiero decir: a mí me encanta Francisco Bochatón, pero no lo voy a comparar con Spinetta. Ahora bien, cuando salió Enzo Francescoli y la gente no estalló con el clásico "Uruguayo, uruguayo" sentí una puñalada en el pecho. Puede ser que el puesto de manager en un club con fuertes internas políticas como River enturbie el recuerdo de algunos pero hay algo más puntual que vengo pensando desde hace bastante y voy a decir de una manera muy sofisticada: los hinchas 2.0, fogueados al calor del twitter y los memes, no tienen la más puta idea de la historia del fútbol. Y no sólo pasa en River. Algo muy similar sucede con los hinchas de Boca que creen que el Club empezó en 1998.

Sospecho entonces que, existiendo YouTube, aunque tengas quince o veinte o cinco años, si no te enteraste quién es Francescoli en la historia de River, probablemente el fútbol no te guste. En esos latiguillos repetitivos como "Sos de la B" o "Tiraste gas y abandonaste", en esos memes llenos de cargadas, en esa teatralización insoportable de lo que significa ser de un Club, pelotudeces en las que un servidor ha caído en sus momentos de ocio, encuentro una sobreactuación muy evidente de parte de varios hinchas. ¿Y cuándo se sobreactúa? Cuando mentimos. Aunque odiemos que nos cuenten chistes, es probable que no nos animemos a quedarnos con cara de póker y tengamos que fingir una carcajada para congraciarnos con el perverso que acaba de contarnos uno de gallegos. Es como si les importara más ser reconocidos como hinchas para formar parte de un grupo de pertenencia que los integra al micro-clima de las redes sociales que el fútbol en sí mismo. ¡De hecho ahora hay hinchas que se filman a sí mismos mirando partidos y lo suben a Youtube! El resultado es espeluznante. Tipos gritando, insultando, sacando a relucir los peores prejuicios que activa el fútbol (xenofobia, homofobia, exitismo, machismo) como si putear a un arquero se tratara de un hecho estético. Ya creer que el fútbol es una de las bellas artes siempre me pareció un exceso. Ahora parecería que ser hincha también lo es.

Algunos dicen que este tipo de cosas sucede por cuestiones generacionales. Enorme falacia. Yo no vi al Beto Alonso pero mi viejo me contó quién fue. Y aunque nunca me cayó muy simpático, sabía que hablaba todo el tiempo del día de la pelota naranja, del título de 1975 en el que fue uno de sus principales artífices, que fue suplente en el Mundial 78, que fue campeón del mundo en el 86 y que durante mucho tiempo se creyó que "El anillo del Capitán Beto" estaba dedicada a él. Y tampoco es que en mi casa se respiraba fútbol. Eso era lo que debía saber cualquier hincha de River más o menos nerd. Evidentemente los padres de mi generación no estarían haciendo los deberes. Y los abuelos tampoco porque el Beto Alonso entró a la cancha y nadie le dio bola.   

En sí mismo el homenaje a Cavenaghi, un jugador muy respetable pero a años luz de un Ortega o un Gallardo (que siguen jugando mejor que varios tipos que están actividad), es una exageración para cualquiera que conozca mínimamente la historia de River. En todo caso si 60.000 personas agotaron las entradas para despedirlo seguramente se lo merecía pero en medio de esa festividad riverplatense (fue hermoso ver a Hernán Díaz subiendo por el lateral derecho o a Astrada con su gesto adusto aún en 2017) el desconocimiento de la historia me hizo mucho ruido y aunque parezca exagerado casi me ofendió.

En determinado momento del partido hubo un penal para el equipo en el que jugaba Francescoli y la gente estalló con el clásico "Muñeco, Muñeco". Creo que hasta a Gallardo le dio un poco de vergüenza patearlo.    

miércoles, 28 de junio de 2017

El viejo truco del rock nacional


-¿Viste que se volvieron a juntar Los Caballeros de la Quema?
-¿Caballeros de la Quema? ¿No había cerrado ese antro?
-Claro, vos siempre escuchaste Simón Poxyran y el último de Él Mató. De hecho ya en 1998 escuchabás el último de Él Mato de tan adelantado que sos.
-¿Es que también hay que reivindicar al rock barrial? Ya sos como esos kirchneristas que habían empezado a reivindicar a Menem hasta que se dieron cuenta que no era necesario porque Menem era kirchnerista. 
-Si, si, pero en la 125, la votación más importante, votó en contra. No sé si se trata de reivindicar al movimiento de rock barrial, tal vez sea reivindicar al adolescente que alguna vez fui y escuchó Caballeros de la Quema.
-Bueno, yo cuando era chiquito veía Hola Susana con mi vieja pero no por eso voy a estar reivindicando a Susana Giménez.
-No llevemos las cosas al extremo. Simplemente hay que intentar no ser como esa gente que leyó Cortázar a los 15 y después se siente demasiado inteligente como para leer a Cortázar.
-No ser como Aira.
-Aira sí puede ser como Aira. Pero es como me dijo el poeta hace diez años: "Tratar de ser Aira sin su talento es very danger".

***

-Bueno en realidad tenés razón, versos como "un safari hasta las tetas de Graciela Alfano" sólo son comparables con "Dios es un mundo en el que amar es la eternidad que uno busca".   
-Entonces vos sos el típico mala leche que juzga a los poetas por sus peores versos. Yo me acuerdo por ejemplo de una imagen poética muy lograda de Iván Noble: "La noche se hace demasiado larga con un Guaymallén de cena".
-Claro, con la cantidad de dulce de leche que le ponen te pasás toda la noche comiéndolo. ¿Qué pasa en la fábrica de Guaymallén que no le embocan bien las tapas? De todos modos lo acepto: no hay nada mejor que bajonear con un Guaymallén de cena.
-Justamente el encanto del Guaymallén es esa desprolijidad, esa característica del dulce de leche cayendo por los costados le otorga identidad, sin ir más lejos la misma identidad del rock barrial. Se nota que no viviste en un barrio sin asfalto
-Ah bueno, habló el héroe de la clase trabajadora. Ahora un alfajor explica el rock barrial.  
-Fuera de joda, el contexto en el que crecés genera la perspectiva desde la que ves la vida, o sea, la perspectiva desde la que ves al rock. El Guaymallén, al que hace mucho que no veo en kioscos, salía cuarenta centavos. La cosa es que me fijé en YouTube el recital de Caballeros y me conmovió un poco.
-¿No estarás deprimido? "Che Guevara entregá a tu hermana, alternativo pelate un higo".
-¡Eso es genial! Pone en escena la disputa simbólica a través de una simpática rima asonante: sónicos vs. barriales. Es decir, por un lado las bandas tuteladas por Melero y respaldadas por Soda Stereo: Martes Menta, Los Brujos, Babasónicos, Peligrosos Gorriones. Por otro, las bandas tuteladas por la calle y respaldadas por el público: Viejas Locas, La Renga, Caballeros de la Quema.
-La 25, Guasones, Callejeros.
-No, no, esas bandas pertenecen a una segunda camada de bandas de rock barrial, que tendrán sus luces y sus sombras pero a las que yo ya no escuché mucho. Tanto es así que mezclo La 25 con Guasones, que no tienen nada que ver. 
-Si, si, claro, ahora nadie escuchó Callejeros. Ni la Bersuit. Ni el Otro Yo. ¿Viste que Borges decía que otra sería la historia si se hubiese leído más el Facundo que el Martín Fierro? Ok: otra sería la historia si se hubiese escuchado más Peligrosos Gorriones y menos a La Renga.
-Primero: hasta Borges leyó más el Martín Fierro que el Facundo y dudo que lo haya terminado. Segundo: podías escuchar las dos cosas al mismo tiempo. Yo escuchaba Viejas Locas y Babasónicos.
-Siempre fuiste un traidor. 
-No, boludo, simplemente no me dejaban entrar en ninguna tribu. Para ser stone tenía la cara muy redonda y para ser alternativo había que tener el dato de una feria de ropa usada de la cual nunca supe la dirección.  
-Uh sí, esa época, chicas de 18 años vestidas como nuestras abuelas que aun así lograban parecer eróticas.
-Eran todos unos conchetitos. Hoy esos alternativos manejan empresas capitalistas, viven en Miami o forman parte del Gobierno. O las tres cosas juntas.
-¿No estarás exagerando?
-Probablemente, pero si vamos al grano: ¿quién organizaba Buenos Aires no duerme?
-Ah, estás mezclando todo.
-¿Pero quién lo organizaba?
-¿El novio de María Gabriela Epumer?
-Por eso mismo. Cuando se dice que el kirchnerismo cooptó al rock nacional habría que aclarar que continuó el legado de La Alianza.
-O sea que junto al Procrear y el programa de Osvaldo Quiroga, el rock vendría a ser la tercera cuestión de Estado que mantienen los gobiernos argentinos. 
-Algo así.

***

-Todo esto me hizo acordar a ese tema de Divididos que dice "Hubo un tiempo que fui hermoso y fui preso de verdad".
-No sé exactamente qué te hizo acordar de eso, supongo que el exceso de añoranza mezclado con ácido, pero le voy a dar un like. "Ñapi de mamá" tiene algunos de los mejores versos del rock argentino. "Buenos Aires se ve como vianda de ayer".
-¡Si! O: "Mezcla rara de angustia y cañita voladora".
-En realidad todo ese disco de Divididos tiene las mejores letras de Mollo. El disco post cocaína. El disco en el que el rockero entiende que tomar mucha cocaína no puede ser un plan a largo plazo suele salir muy mal pero Narigón del siglo es la excepción a la regla.
-"Un chalchalero no es un rolling stone".
-"Por drogado a bellas artes". Mollo metía esas frases contundentes y brillantes en medio de letras inentendibles. Estamos hablando del viejo truco del rock nacional. Hay letras de Divididos que parecen escritas en otro idioma. Además Divididos no era alternativo ni chabón, eran la tercera posición. Nunca es tarde para decir: Qué buena banda Divididos. El último disco que escuché fue Vengo del placard de otro.
-¿El de la morcilla? La tapa es horrible pero el disco sigue siendo inspirado. En un tema dice otras dos cosas geniales: "amas de casa lavando ropa en el fondo del océano" y "pezón, pezón, qué grande sos". ¿Sacaron otro?
-Si, Amapola del 66, en el 2010. ¿Qué les pasó? Sacaron 3 discos en 17 años.
-Natalia Oreiro.
-Tal vez el tipo no se fuerza a publicar cosas de las que se va a arrepentir. Ser músico, ser escritor, no es como ser carpintero, en el sentido de que para hacer la mesa necesitás inspiración pero principalmente un método. En cuanto a la Oreiro: hay toda una corriente historiográfica del rock que explica las modificaciones en el género a través de las mujeres. Yoko Ono, Celeste Cid, Cecilia Roth, Deborah de Corral. Son explicaciones machistas porque casi siempre dan a entender que el deslumbramiento por una mujer arruina la capacidad artística del compositor.

*** 

-Unos años después los fui a ver al Polideportivo. Tocaba primero Spinetta y después Divididos.
-No te hagás el macho: vos fuiste a ver a Spinetta.
-Sí, éramos 150 pegados al escenario. El resto no conocía a Spinetta más que por nombre. Yo en esa época escuchaba todo el tiempo a Pergolini. Pergolini era como la voz de mi conciencia.
-Qué horrible. "Exclusivo Rock and Pop".
-Pero no decía esas cosas. ¿Viste la serie Kevin, creciendo con amor en la que las escenas conmovedoras son narradas por una voz adulta en off que le dice cosas como: “Ese día comprendí que mi padre y mi madre habían crecido en un mundo, etc”? Bueno, la voz de mi mente era la de Pergolini de tanto que lo idolatraba. Después lo odié. Y ahora no sé ni lo que hace pero debo admitir que cuando abría el programa con treinta minutos de Spinetta no estaba tan mal.
-¡¿Ahora reivindicás a Pergolini?! En vez de "Poné la radio que está hablando Perón", "Poné la radio que está hablando Pergolini".
-En fin... En ¿Cuál es? regalaban entradas para un recital de Spinetta y llamaban tipos diciendo que no le perdonaban a Spinetta ¡haber separado Pescado Rabioso! Ése era el grueso del público de Spinetta: tipos que lo habían escuchado hasta Artaud. O hasta El jardín de los presentes. Si querés hasta Spinetta Jade. No habían digerido las máquinas de ritmo. Estaban hablando de 1972 y ya estábamos en el 99.
-Bueno, vos estás hablando del 99 y estamos en el 2017. Igual ¿cómo puede ser?, ¿no es que Spinetta les gustaba a todos? Ah, cierto que estaba vivo.
-Noto que esta época te está afectando. No sólo vuelven los Caballeros de la Quema desde los 90, también vuelve el cinismo.
-Cinismo es que te guste Spinetta recién cuando se muere. ¿Cómo te fue en el recital? 
-No sé, fue en el 2002. Recuerdo flashes. Mucho respeto por Spinetta que por supuesto no tocó un solo tema rockero a excepción de "Ana no duerme", a la que le infiltraba una parte rapeada para que canten sus hijos. Recuerdo una spinetteana que estaba por ahí, sola, treintañera, con una mochila grande en la que yo creía que se encontraban todos los misterios del mundo femenino. Un auténtico "Bolsodios". Todo esto me lo decía Pergolini en mi mente pero con la prosa poética de Kevin, creciendo con amor. Y había un tipo que creo que ahora escrachan por Facebook pero que en ese momento no sabíamos que podía llegar a ser interpretado como un acosador. Hablaba con unas minas y les contaba que Aquelarre era una banda llena de pelados. Y las minas decían "Ah, mirá vos". No tenían idea de qué era Aquelarre.  
-Qué recuerdos raros tenés vos. 
-Si, es que eso del rock and roll le mete a uno muchas cosas raras en la cabeza. Después me metí en el pogo de "Cielito lindo". Un chabón me pegó un codazo en la boca del estómago y me volví a mi casa en el 54 pensando que cuando fuera grande quería tener una novia spinetteana.  
-¿Con la voz de Pergolini?
-No, con la de tu vieja.
-Cómo se nota que escuchaste Caballeros de la Quema.

miércoles, 14 de junio de 2017

El gato que hay en vos no te lo digo yo



"El gato que hay en vos no te lo digo yo". Es el verso de Random que gana espesor a medida que avanzan los meses. Pertenece al tema “Lluvia”, un shock de melancolía y belleza típicamente García, con aroma a "Baba O´Riley". En cuanto a la frase: algo absurda, algo forzada, que de igual modo contiene evidentes resonancias poéticas (lo pudo decir Charly en Filosofía Barata), finalmente eleva su carga semántica a través de la coyuntura política. Los anti-macristas (porque no son sólo K) le dicen "Gato" a Macri. Sin ir más lejos: yo a veces le digo Gato a Macri. Es indispensable hacerlo.

Imagino subordinados cansados de Macri que, en el descanso, mientras toman Citrus, le dicen "Gato" a sus espaldas. “¿Está el Gato?”.  A propósito: no me creo el Macri budista zen que venden por TV.

Macri tampoco pudo hacer algo con ese Gato que hay en él. Por lo menos en los grandes medios de comunicación es un tema casi tabú. Como lo fue el "Yegua" de Cristina por un tiempo, hasta que se resignificó a través de una valoración positiva del imaginario asociado a las mujeres-yeguas. Con su Gato Macri no pudo hacer nada. Ni siquiera uno de esos chistes malos que suelen hacer los presidentes. Cristina no hacía chistes: simplemente siempre estaba bardeando a alguien. Néstor era más entrador pero tampoco era un mago de la oratoria. Duhalde: buenas anécdotas, pero chistes malos, sin duda malos. De la Rúa era un chiste. Menem está sobrevalorado, era todo gestos, caras y acentos. Alfonsín sí tenía humor. Hay un documental sobre la dictadura en el que chusmea que cuando Perón y los Montoneros estaban a punto de romper se encontraron y los muchachos de la juventud maravillosa le dijeron: "Pero General, usted había dicho que la juventud era el futuro". Entonces Perón contestó: "Lo que pasa es que ahora estamos en el presente". Esta es una anécdota de aspecto demasiado mítico para ser real ya que expresa de manera muy efectiva una época compleja. De todos modos contada por Alfonsín tiene gracia.

Otra de Alfonsín: igual de mítica, revelada por Duhalde tal vez en el afán de acallar versiones de pactos y conspiraciones siniestras, en el 2001, cuando todo explotaba Alfonsín lo llama y le dice: “¿Vos también vas a sacar el culo de la jeringa?”. En fin, Macri por ahora no pudo capitalizar en forma positiva lo negativo. Sacó el culo de la jeringa. Simplemente se dedicó a ubicar al Gato en el rincón más oscuro del sótano, como hacemos con fantasmas que no sabemos si los inventamos o en realidad existen.  


Ahora bien: más allá del buen funcionamiento del apodo y de su casi enternecedor infantilismo (se asemeja a los cuernitos en las fotos de los 90), hay un claroscuro en su origen. Culturalmente el kirchnerismo corresponde a un segmento en el que la palabra "Gato" no forma parte de su vocabulario. "Gato" es un término de pertenencia, de origen tumbero, que rápidamente se expandió a través de la jerga callejera hasta atravesar todas las capas sociales como una flecha. Es decir: aún colonizado por otros sectores, son los más humildes los que pueden utilizar el epíteto "Gato" con mayor coherencia. Y a esta altura de la resaca política es imposible decir si los más humildes están diciendo "Gato", Mauricio. "Yegua" o Cristina. Eso va a importar mucho en las próximas elecciones. Mientras tanto cuando Charly tocó "Lluvia" en el show de marzo ocurrido en Caras y Caretas, un fan le gritó "Dale, Charly", a lo que él respondió, rápido, cual Perón, cual Alfonsín: "Yo le doy".  

lunes, 29 de mayo de 2017

La máquina de hablar de fútbol


-Mirá esto que decía Kandinsky: “El amarillo es un color típicamente terrenal, sin gran profundidad. Enfriado por azul, adquiere, como dijimos, un tono enfermizo”.
-¿Y?
-¡Eso es Boca! Es lo que le está pasando a Boca. Es un equipo enfermizo y sin profundidad.
-¿Vos decís que Kandinsky sabe más de fútbol que los periodistas deportivos?
-No tengo la menor duda.
-Yo entiendo que como hincha de River progre intentes odiar a Boca sin apelar a la xenofobia pero si para hacerlo vas a citar a Kandinsky… Se nota mucho el esfuerzo mental al que te sometés para no decir que son todos bolivianos.  
-Para mí estás proyectando, vos creés que son todos bolivianos y que eso de alguna manera es ofensivo. No todos los hinchas de River somos clasistas, algo que lamentablemente nos caracteriza, porque de ahí viene el desprecio a bolivianos o peruanos. Yo creo, en cambio y como Adrián Dárgelos, que debe ser de Lanús, que todos en el mundo somos grasas, no hago distinción de sexos ni razas, lo único que algunos lo disfrutan y otros no pueden evitarlo. Igual no hay nada que iguale a Horacio González diciendo que los hinchas son  "microetnólogos que encarnan el prestigio invertido de una fusión con la plebe que pasa por nostálgicas idolatrías"
-¿Qué?
-Ves que no entendés nada de fútbol.
-¿Qué sería entender sobre fútbol?
-Hay tres maneras conocidas de saber sobre fútbol. Una es haber jugado bien y mirar el partido como hacen Latorre o mi amigo Lucas. Ellos saben cuándo un jugador ocupa el espacio equivocado, cuándo un técnico acierta con un cambio antes de que se produzca, miran un tiro de esquina y te marcan quién tiene más posibilidades de hacer un gol. Eso no se adquiere, para tenerlo tenés que haber estado adentro de una cancha y entender qué mierda estaba pasando. Yo siempre que jugué al fútbol me sentí en una película de David Fincher, todo iba a mucho velocidad y cada vez que la tocaba (cosa que no pasaba muy seguido porque los que saben jugar al fútbol también saben distinguir al que no sabe jugar al fútbol y no se la pasan) me sentía desbordado por la situación y cuando me quería dar cuenta un rival se dirigía hacia el arco con pelota dominada.
-Qué vida horrible.
-Si, por supuesto, por eso no me quedó otra que ser un nerd del fútbol, que es el otro tipo de conocimiento. Ser un nerd del fútbol es declamar: “Bonano; Hernán Díaz, Celso Ayala, Berizzo, Sorín; Monserrat, Astrada, Berti; Ortega, Francescoli y Cruz” sin fijarte en Wikipedia. Saber que ése fue el equipo titular con el que River salió campeón en el Clausura 96, saber que Salas a veces entraba por Cruz, saber que en ese Torneo Boca nos ganó 3 a 2 en la Bombonera con el nucazo de Guerra, saber que en ese Torneo debutó Solari, saber que Ortega contra Ferro hizo un gol parecido al segundo de Maradona contra Bélgica pero mejor.
-Lo repito: qué vida horrible.
-Y yo también lo repito: si, por supuesto.
-Igual te faltó la tercera forma de saber sobre fútbol.
-Ah, eso ya es casi inalcanzable. Es el que sabe jugar al fútbol y también recuerda la formación del River Campeón del Clausura 96. Son como esos tipos que saben pensar y bailar. Es como unir el intelecto con el erotismo. Generalmente si sabés pensar no sos erótico y si sos erótico, ¿para qué mierda vas a pensar?

***

-Lo que yo me pregunto es porque estamos hablando de erotismo masculino si se suponía que íbamos a construir una máquina de hablar de fútbol.
-Bueno, justamente, crecer es darse cuenta de toda la homosexualidad reprimida que ronda el fútbol. Esos hombres atléticos rozándose entre sí en los tiros de esquina, a veces metiéndose el dedo en el culo con la excusa de que expulsen a un rival sin darse cuenta que con la excusa de hacer expulsar a un rival están metiendo un dedo en el culo, sácandose la camiseta para mostrarle los pectorales o un tatuaje a la hinchada contraria. Y qué decir de los vestuarios donde los jugadores dotados reciben la admiración de sus compañeros. Y qué decir de la resistencia de los hombres para que las mujeres formen parte del fútbol. Y qué decir de los hinchas que cuando un equipo sale campeón entran a la cancha y dejan a los jugadores en calzones. No hace falta ni argumentarlo, es demasiado gráfico. ¡Incluso El Gráfico tal vez se llame así por eso! Y a su vez millones de tipos creyendo que una de las cosas que los hace hombres es mirar eso, pegando pósters de Batistuta en las paredes de sus habitaciones. Fijate de lo que hablan las canciones de los hinchas, fijate cuál es el mayor placer del hincha: cogerse al rival, romperle el culo, ¡sodomizarlo! Por eso Maradona fue un ser superior. El no necesitaba reprimirse cuando tenía ganas de comerle la boca a Caniggia. Iba y lo hacía. Un ser superior, señores.  
-Pará Foucault. ¿Todos putos? Tal vez el puto seas vos. 
-Puto el que lee. Como diría Seinfeld: “no tiene nada de malo”, el problema es que esté todo tan a la vista y nadie se anime a expresarlo, lo que refuerza la idea de represión.
-¿Pará Freud?
-Que lo mira por TV, seguramente.  
-¡La cuestión acá es que River se-ca-gó!
-Podría seguir con mi teoría en el sentido de que cuando un equipo debe ganar y pierde no se hace hincapié en el mal juego sino en que se cagó, en una simbólica pérdida de virilidad. Aunque de simbólico no tiene nada. ¿Qué se le reclamó a Boca cuando perdió con River? Hombría. Escuché a periodistas que decían: “A este Boca le faltan hombres, le falta un Ponzio, un Maidana”. Yo creo que al periodista le falta un Ponzio, un Maidana.
-Es como cuando Spinetta dijo que si lo comparaban con Caetano Veloso y John Lennon en realidad era que el periodista estaba proyectando que quería que se lo garchen entre los dos.
-Es verdad, creo que estoy extremando mi posición. Por otro lado, ése fue el momento exacto en que nos dimos cuenta que la segunda parte de Luis Almirante Brown no era un invento.  

***

-Igual River se cagó y no querés responder. Es más, todo esto que estás diciendo, todo estas apreciaciones sobre el erotismo reprimido de microetnólogo de no sé qué, es para no hablar de lo obvio: que River le tenía que ganar a Central y empató. Un equipo que quiere salir campeón no puede jugar así. 
-Ahí veo otro error: mirá como se analizó la jugada del gol de Huracán: “Zuqui no puede hacer esa falta. Rossi no puede salir así. El árbitro no puede cobrar ese penal”. Todas cosas que en apariencia no pueden ser pero que en realidad son el 95 por ciento del fútbol. Si no existieran errores, no habría goles.  
-Debo admitir que son geniales todas las vueltas que das para no decir que River se cagó.
-Chabón, la presión la sigue teniendo Boca. River está peleando este Torneo porque Boca se derrumbó. Si Boca lo gana no va a ser porque River empató con Central, va a ser a pesar de que perdió con River en la Bombonera. Estamos en la Libertadores, que era lo único que ellos querían este año. ¿Alguien se acuerda que Boca salió campeón en el 2015? ¿O de la Copa Argentina de ese año? No le importó a nadie. Y al hincha de River, otra vez, le va a chupar un huevo que salga campeón Boca. 
-Mmm. Chupar un huevo, ¿estás proyectando que querés que te chupen un huevo?
-No voy a responder a las chicanas. Lo que el hincha de Boca todavía no entiende es que River asimiló el "ser de la B" productivamente. Es decir: ¿hay algo peor que nos pueda pasar? Evidentemente no. River necesitó tocar fondo y utiliza ese fondo como resguardo de cualquier cosa mala que le pueda pasar. Y a partir de ahí le empezó a ir bien. Lo mejor que nos pueden decir a los hinchas de River es que somos de la B: primero porque sabemos que no lo somos y segundo porque nos recuerdan que ya pasó lo peor.
-¿Alguna vez oíste hablar del concepto de “negación”?
-¡Andá a chuparte una pija! 

martes, 9 de mayo de 2017

Todo no se puede


Llego tarde a Los Espíritus. Como quien llega a Fito por El amor después del amor. Como quien llega a Calamaro por Alta Suciedad. ¿Como quien llega a Spinetta por el tributo de Pedro Aznar? Bueno, tampoco para tanto, pero si como quien llega tarde al asado y se come un chorizo frío en silencio y no puede reclamar nada porque llegó tarde. Así es que yo llego a Los Espíritus.

De todos modos siempre estuve al tanto de que me estaba perdiendo algo. Y de todos modos tuve mis coqueteos con la banda pero no nos dimos nada más, sólo un buen gesto. Por ejemplo durante un verano kirchnerista, de esos veranos en los que al parecer todos éramos felices, no me pude sacar de la cabeza "Lo echaron del bar". Escuchaba especialmente la parte en que lo echan de su hogar. Es un tema que me hace reír a carcajadas. "Los masones en bicicleta/  Y los radicales a pie" es otro verso del rock argentino que me hace reír cada vez que lo escucho. "Jesús rima con cruz" ya me parecía una forma superior de drenar a Calamaro sin convertirse en una réplica. Después de eso fui a "Av. Corrientes" con ocho años de atraso y sentí que ese tal Maxi Prietto que todo el mundo decía que era un "genio" lo era, en el sentido que les decimos "genios" a quienes llegan a nuestro corazón no sólo con una linda melodía y una letra conmovedora sino, claro, con su espíritu.

Más allá del acercamiento no me alcanzó para escuchar Gratitud entero. Supongo que había algo de esnobismo al revés. O de esnobismo sin más. Hay un tipo peligroso en mi cabeza que dice: "Como la escuchan todos yo no la escucho". Una vez que ese tipo hace su aparición, es decir, un tipo que ya no puede querer sin presentir al decir de Enrique Santos Discépolo, es muy complicado sacárselo de encima. Agua Ardiente, el último disco de Los Espíritus, logró asesinarlo. (Creo que vi demasiadas películas en las que al final el tipo era un esquizofrénico). 

Si tuviese que definir a este disco con una frase diría: las canciones suenan como si siempre hubieran existido. Agua ardiente parece un clásico automático. No digo necesariamente que sea Artaud. Tampoco quiero que lo sea y además las canciones de Artaud no suenan como si siempre hubiesen existido. Digo que es como Maderita, que si no me equivoco también es el tercer disco de Los Visitantes. Imagino a alguien que lee esto y nunca escuchó Maderita: ¡Ve por tu Maderita, hermano! De todos modos Maderita no tiene nada que ver con Agua ardiente a no ser su pertenencia al sector de discos clásicos pero de culto. Por otro lado Agua ardiente salió hace sólo una semana y tiene un camino muy largo por recorrer y es posible que durante ese camino rompa, o mejor dicho, "obture", señoras y señores, como diríamos en Letras, el camino de culto y salga a la autopista del.... ¿no-culto?

¿Será éste el único disco de Los Espíritus que me guste? No lo creo, pero me refiero a que es un disco para poner de fondo en cualquier lugar y lograr cierto consenso. Tiene toda la pinta de ser el disco que no sólo le gusta a los fans, sino a todos. Por eso me gusta a mí. El disco en el que los seres distantes con tipos peligrosos en su cabeza, bueno, digámoslo claramente: el disco en el que los boludos se acercan y quieren formar parte de la fiesta. El disco en el que los fans más ortodoxos tal vez eleven algunas críticas y sientan algo así como unas mini invasiones bárbaras. Es duro enterarse que a tu enemigo le gusta la misma banda que a vos.

En una novela de Pol-Ka Mariano Martínez apareció con una remera de Spinetta. El problema por supuesto no es el galán carilindo sino que le tocaba interpretar a un sacerdote. Ese es el momento en el que empezás a preguntarte si tu época no estará canonizando por demás. Si no habrá que empezar a canonizar a otros pero con el cuidado suficiente para no volverlos "música para sacerdotes de Prime Time". Sería preferible incluso dejar de canonizar.        

El tema adelanto llamado "La mirada", que recrea la quimera social a través de un viaje en subte, dice "El pasaje cuesta el doble y nadie dice nada". Es un verso que sólo queda bien si lo cantan algunas personas. Dos o tres pueden hacerlo en el rock de acá y uno ya no está y se llamaba Bocha Sokol. Es una canción que no desentonaría en un disco de Dylan post 97. Blues con reverberaciones de salón, música para tocar mientras unos tipos transpirados salidos de El Mariachi juegan al pool y están a punto de matarse. Tiene ritmo (como todos los temas de Los Espíritus y como pocos del rock argentino) y un par de solos de guitarra que parecen entablar un vínculo desprejuiciado y productivo con distintas ramas del gran árbol del rock. 

Lo esencial de Los Espíritus es la evidente impresión de naturalidad que exhala su música, algo que no corresponde a una fórmula, sino al mestizaje que combinan los diferentes miembros de la banda. Porque hay algo latino en el producto final (que tal vez responda a que el percusionista, Fernando Barrey, es miembro de Morbo y Mambo). También es determinante el aporte de Santiago Moraes, que compone líricas y melodías y aporta voces (los temas están firmados como Los espíritus; por otro lado Prietto y Moraes tienen voces bastante similares a primera oída). El resultado es una banda que remite tanto a ciertas cadencias del rocanblues del país (riffs a lo Gabis, intros de La Pesada) como a Los Lobos o a las atmósferas psicodélicas del surf rock. Una banda imprevisible cuyos temas no esquivan las baladas encantadores ("Esa luz") ni un folk-blues de asimilación instantánea como "La rueda que mueve al mundo". Después hay cosas inexplicables y bellas como “Perdida en el fuego”, que debe ser uno de los temas más tristes de los últimos tiempos o algo parecido. La voces de Prietto y Moraes no se caracterizan por la amplitud de sus rangos vocales sino por la expresividad de sus registros. Por eso cuando alguno de los dos dice “Y tus ganas de cantar” (creo que es Moraes) puede que te den ganas de llorar sin saber por qué. No es sólo lo que dice sino la manera en que lo dice.      

Tengo la sensación de que las letras del rock argentino recuperan la calle en Agua ardiente. Los temas de Los Espíritus no suceden en un departamento sino en medio del hecho social. Son la banda de sonido de un piquete, del 2x1 a los asesinos, de una chica que no volvió nunca a su casa. ¿Qué sería del rock sin la sociología? Y viceversa. Como todos sabemos las mejores épocas del rock argentino corresponden a situaciones en las que el país parecía suceder en la mente de un psicópata. Cuándo este país no fue pensado por un psicópata es otra historia. Hablamos del rock como refugio anti nuclear. El rock como emergente de cierta resistencia civil. El rock vs el Estado. Es lo que pedimos, en forma más o menos disimulada, desde el 25 de mayo de 2003. 

En el imaginario colectivo se comenta que Macri ganó por dos cuestiones:

1- Para transferirle a los ricos y a los fachos lo que tenían los pobres y los progres; 2- Para que el rock argentino vuelva a tener sentido.

Todo no se puede.

miércoles, 26 de abril de 2017

Himnos urbanos


-¿Te acordás cuándo escuchaste hablar de Él mató por primera vez?
-Corría el año 2005, Kirchner había pagado toda la deuda externa por débito automático, llegaban refuerzos falopa a River, mientras tanto Maradona se hacía un bypass gástrico y…
-No, boludo, en serio.
-Qué sé yo. Formaban parte de esas nuevas bandas de nuevo rock argentino con nuevos nombres raros y largos. Aunque creo que ninguna otra tenía sujeto y predicado.
-¿“a un policía motorizado” es sujeto?
-Qué sé yo. Lo único que me acuerdo de Gramática es que una profesora decía que el verboide era el primo discapacitado del verbo, porque no se puede conjugar.
-Hoy el Inadi se haría cargo.
-La cosa es que a mediados de los 2000 se llenó de bandas con nombres raros. Había que decir que te gustaban incluso antes de escucharlas, sólo con la reseña de Inrockuptibles. Ahora me acuerdo de Él mató y de El robot bajo el agua nada más. ¿Qué pasó con El robot bajo el agua?
-Se ahogó.
-Muy gracioso pero eran una gran banda. Una banda de principios de siglo.
-Si, un poco depresiva pero con cierto ingenio en las letras, citaban a Iorio y tenían un disco que se llamaba Lo último de Ataque y un estribillo que decía “Qué pelotudo fui”.
-Pero generalmente era una banda para escuchar un martes a las siete de la tarde, en junio, tomando un té de tilo, con la sensación de que se te murió un perro o se te murió tu padre.
-¿Vos siempre citás a Leonard Cohen cuando hablás con alguien?
-Sólo cuando hablo conmigo.
-Y tenían ese tema, “Te quiero”, todo niño sensible del año 2006 ha compilado un cd de canciones indies y ha grabado ese tema a la muchacha que le gustaba y no ha vuelto a verla nunca más.

***

-Él mató debe ser una de las bandas que más fui a ver en mi vida.
-Es la banda de los que nacimos entre el 84 y el 89. Quiero decir, debe haber pibes que nacieron en el 95 y los escuchan pero de la misma forma que uno puede escuchar a Don Cornelio y La Zona sin nunca haberse puesto un sobretodo negro.
-Alfonsín debe tener algo que ver con todo esto. Hace tanto que voy a ver a Él mató que cuando empecé todavía hacía pogo.
-¿Pogo? Qué asco. Mucha represión psicológica, sin ninguna vía de expresión sana, cuya conclusión es gente golpeándose y frotándose entre sí por no animarse a decir "te amo".
-Pará Rolón. Yo conocí gente valiosa en medio de un pogo.
-Ser adulto es empezar a ver los recitales cada vez más atrás. Hasta que los ves desde atrás de un monitor en streaming.
-Yo no los veo ni en streaming. Y es cierto, no podés ver el rock desde afuera, automáticamente te parece una pelotudez. 
-Recuerdo ese momento en el que todos se pararon y lo único que pensé es “¿para qué mierda vine?”. Ahí es cuando tenés que empezar a escuchar jazz o Piazzolla.
-Ahí te bajás todos los discos de Herbie Hancock. 
-Y los escuchás tomando un Dadá. Y te querés pegar un tiro en las bolas pero no las encontrás.

***

-Todo esto viene a cuento de que Él mató sacó un nuevo ep, adelanto de su nuevo cd.
-Si, antes sus detractores decían que siempre hacían el mismo disco, ¡ahora dicen que hacen el mismo ep!
-Si una banda de rock no logra que un par de tipos los odien no es una banda de rock. Yo por lo menos necesito tener vínculos conflictivos con las bandas de rock, necesito odiarlos y volverlos a amar.
-Claro, eso pasa cuando no lográs vincularte con personas reales, entonces lo único que te queda es vincularte en forma imaginaria con series, directores de cine, políticos, jugadores de fútbol y bandas de rock.

***

-Fuera de joda, es necesario que en algún momento nos cansemos y olvidemos a quienes fueron nuestras bandas favoritas así cuando escuchás un tema como “El tesoro” sentís lo que Fogwill llamaba “El sabor del encuentro”. El momento más tenso de mi relación con Él mató fue cuando decidí no ir a verlos al Auditorium. Todavía hoy me arrepiento.
-¿Por qué no fuiste? Mi viejo siempre cuenta que vio a Vox Dei en el Auditorium cuando tenía quince años y se volvió loco.
-Bueno, cuando tocó Él Mató en el Auditorium yo ya tenía treinta y ya me había vuelto loco. Me acuerdo que le pregunté a X “¿vamos?” y me respondió “no sé, ¿para estar sentados, moviendo las cabezas así y así?” y eso nos deprimió. Vernos a nosotros en esa situación… Nos fuimos a comer una provoleta. Hay un tiempo para el rock y un tiempo para comer provoletas, no se pueden hacer las dos cosas juntas. 
-En fin. “El tesoro” es tan bueno que a los otros dos no los terminé de escuchar.
-Es otro himno urbano, como “Amigo piedra” o “Más o menos bien”. Son hits privados, hits que comparten veinte mil o doscientas mil personas pero que no pasan en las FM. Y ya no hablan del inconsciente colectivo o de la llave del mandala, hablan de chicas ruteras y nuevos discos y nuevas drogas.
-Me gustan las canciones de amor de Él mató. Y ahora están más pop. Menos distorsión. La voz más al frente. Más teclados y sintes. ¿Mirá si Él mató se convierte en un fenómeno masivo? ¿Por qué no puede pasar eso? Mi tía tiene derecho a enterarse que no todos los rockeros son Chano.
-Para mí la masificación de una banda como Él mató ayudaría más a tu primo, esos pibes de 20 años que ya no escuchan rock. O que escuchan rock y lo mezclan con reggaetón. A tu tía dejala tranquila: escuchaba Los Twist cuando vos todavía no habías nacido. 

viernes, 24 de marzo de 2017

La teoría del iceberg



Es extraño que casi nadie lo haya destacado, aunque tal vez se deba a un periodo de auge extremo de la coyuntura (a nivel macro/internacional), lo que implica una consecuente pérdida de las perspectivas históricas. Detrás del aluvión de noticias espectaculares sobre hechos de corrupción que involucran a Cristina y cía, como en la teoría del iceberg de Hemingway, existe una clara maniobra discursiva que intenta instaurar la idea de un paralelismo evidente entre los crímenes cometidos durante la dictadura y los actos de corrupción del kirchnerismo.

No son pocos los periodistas de medios masivos de comunicación que, con el respaldo de ciertas figuras aliadas al gobierno (Sanz, Carrió, Stolbizer), desde la asunción de Macri repiten la necesidad de una Conadep para evaluar la corrupción durante el 2003 y el 2015, como así también la imprescriptibilidad de estos actos y la idea de un plan sistemático surgido desde la mente de Kirchner. Tres elementos del sintagma (Conadep, imprescriptibilidad, plan sistemático) que remiten de una manera obvia al imaginario creado alrededor de la lucha por los derechos humanos. Es verdad que por momentos el kirchnerismo pareció apropiarse de una lucha que lo excedía y que llegó a niveles casi paródicos ("Los goles secuestrados"). Ahora bien, que el otro sector de la grieta se apropie de las formas y las llene con otro contenido (que sin dudas trivializa lo ocurrido entre el 76 y el 83) no deja de ser inquietante.   

No se puede tomar linealmente el mundo de las redes sociales como una replica en miniatura del mundo "real" pero supongo que sus movimientos quieren decir algo sobre las maneras en que representamos nuestra ideología en público. Que tanto hoy como un año atrás se haya utilizado el hashtag  #nuncamás adosado a palabras como "corrupción", "peronismo" o "kirchnerismo" habla de una alteración de ciertos valores que va más allá de la permanente semiosis sobre la tapa de Clarín e implica el intento de efectuar, a futuro, una modificación con respecto a la historia argentina. De este planteo se desprende lo implícito (lo que realmente se quiere decir): una analogía forzada entre el descubrimiento de los 9 millones de López (por ejemplo) y el descubrimiento de la figura del desaparecido durante el despertar democrático de los primeros 80. 

Un funcionario corrupto que utiliza su cargo para enriquecerse (se llame José López o Cristina Kirchner) supone una condena social y efectiva. Ahora bien, ubicarlo en la misma serie de una fuerza que accedió al gobierno a través de un golpe militar, torturó, robó niños y desapareció no puede ser pasado por alto. Resulta algo peligroso que el revisionismo de derecha instale en las nuevas generaciones que el Golpe del 76 fue sólo consecuencia inmediata de la acción de los grupos guerrilleros y no un plan sistemático del Ejército y sus aliados iniciado en 1930 para detener el curso democrático en defensa de lo que sintéticamente podríamos denominar el establishment. Por supuesto muchas personas afirman que el establishment no existe, lo que es entendible ya que generalmente estas personas forman parte del establishment. 


***

En el "día a día" algo que sucedió hace más de cuarenta años puede parecer propio de un pasado remoto. Sin embargo dentro de mucho tiempo, en los libros de historia, varios siglos pueden aparecer juntos y en un mismo capítulo. En ese sentido, partiendo de la base de que entre el 76 y el 17 no pasó tanta agua debajo del puente, es productivo analizar las continuidades que hay entre la dictadura y la actualidad. Sería muy inocente suponer que Macri es el culpable de todo, especialmente cuando muchos de sus votantes se encuentran más a la derecha qué él. 

El tratamiento mediático del tema "piquetes" es elocuente. Desde los medios hegemónicos existe una clara proyección en la que los piqueteros serían "los dueños de la calle" y el resto de la sociedad sus rehenes. No escuché todavía decir que las personas que cortan las calles generalmente no cuentan con ninguno de los signos de pertenencia que nos hacen formar parte de determinado status social (autos, casas, trabajo). Signos que podrán parecer superficiales si contamos con ellos pero que en una sociedad cuya religión es el consumismo y su praxis es la ostentación generan un sentimiento de resentimiento y dolor que sólo puede ser percibido si ejercemos la empatía. Generalmente el único recurso que encuentran los que no tienen nada es tomar las calles para hacerse ver. En la tele escuchamos que son gente mala, sucia y negra que quieren arruinarle la vida a los trabajadores argentinos.

Por último, una medida política absolutamente transversal, como la implementación de policías locales en los municipios (un hit del PRO), puede ser vista como un dato que testimonia el viraje ideológico actual como así también su vínculo con el "pasado remoto". Un sistema económico-social que desplaza del aparato productivo a cientos de jóvenes de las capas medias y bajas de la sociedad para después reclutarlos en una fuerza represiva que forma parte del mismo sistema que los dejó en off side y que encima los obliga a convertirse en policías. Ahora bajo el eufemismo de la "salida laboral", antes por "vocación" o herencia familiar, este es un país que quiere que te conviertas en policía. Como dijo el poeta: "detrás de un uniforme siempre hay un uniformador".  

viernes, 17 de marzo de 2017

Este es el Aguante


Tiene mucha razón Francisco Delfino, quien tituló su nota sobre el recital del Indio Solari en Olavarría: La entrada es gratis, la salida vemos. En términos simbólicos (y no tanto) el Indio se abocó a llevar a la praxis uno de los aforismos que García acuñó en su etapa Say No More. Esos eslóganes que en otro momento hubiesen formado parte de la lírica y ahora aparecían por fuera de la obra, en las entrevistas.

Como con Borges y Fogwill, la obra de García y Solari prosigue en sus entrevistas.

En la misma semana Charly hace el show anti Sistema/Solari: un recital para menos de 500 personas, a mil mangos la entrada, avisado ¡tres! horas antes. Un recital en el que el único que puede morir es el Artista. Pocos días antes se viralizó un video en el que García salía de su casa con dificultades para caminar. La cantidad de mierda moralista que hubo que leer fue impactante. Simplemente se dedicaron a mostrar las imágenes y no contar que hace dos años fue operado de la cadera. Y que antes de eso estuvo en silla de ruedas. ¿Se puede ser tan $%"&)= al comunicar una noticia? Sí, se puede.

La dinámica del show recuerda dos hitos de reinvención: el hall del Teatro San Martín en el 94 ("¿Será que estoy crazy, Macaya?" canta en "Andan") y la Basílica de Luján en el 2009. Shows sorpresas donde García prueba a su público y se prueba a sí mismo. Siempre a quemarropa.

El último tema del show fue "El aguante". Evidentemente la ideología de García es la ambigüedad. Da la sensación de que cada uno de sus movimientos esconde un símbolo a desentrañar. "El Aguante" fue su coqueteo chabón a fines de los 90. "Yo no llegué tarde, ellos vinieron temprano" asegura, desafiante, en un Gesell Rock al que tardó tanto en llegar que cuando lo hizo buena parte del público se estaba yendo. En el Quilmes Rock 2004 cae una gran tormenta. Por supuesto Charly soporta la tormenta mejor que el público que, en determinado momento, comienza a realizar un típico éxodo. Esas cosas que pasaban en recitales de García. La gente ya no se lo bancaba más y se iba a la mierda. Pero ¿qué hace García? Detiene el tema que está tocando ("Los fantasmas") y dice: "Esos que se están yendo ¿a dónde se van?, la concha de su hermana, toquemos "Popotitos". Váyanse ahora".

A García le calzaba perfecto ese eslogan de la Rock and Pop: donde el rock vive.

Es decir, Charly adaptó y extrapoló la idea del aguante como excusa para que lo aguantemos a él, algo muy distinto a la cultura del aguante generada en el corazón del rock chabón, que basaba su sentido en una idea de pertenencia social entre los mismos integrantes del público y de identificación entre éstos y las bandas. La idea de que el artista podía ser reemplazado por el público y viceversa. La idea del rock como refugio anti nuclear ante las históricas debacles cíclicas del país. Ideas construidas posteriormente por la sociología rocker; supongo que en ese momento lo elemental era cantar “La balada del diablo y la muerte” y tomar birra. Nada más alejado de Charly, que, aunque se fascinó con la fidelidad de sus jóvenes aliados, siempre dejó en claro cuáles eran los límites entre él y los demás (no sólo el público, sino también los otros músicos del rock argentino, con excepción de Spinetta, por supuesto). 

Aunque hubo cierto espíritu chabón en el público de Charly post Obras 1998 (1) que el grueso perteneciera a clases medias y no a sectores marginados del sistema (económico-cultural) hacía imposible un conflicto de tipo Bulacio. El público de Charly, por lo menos en los 90 (no así, claro, durante las habituales razzias de la dictadura), no se peleaba con la policía, ¡era Charly el encargado de tales menesteres! Es decir, no había espacio para que el público hiciera bardo, el único bardo lo hacía el Artista arriba del escenario. En Buenos Aires Vivo III García juntó a 300.000 personas. El conflicto no fue por la combinación letal de distintas capas sociales entre el público, sino con Hebe de Bonafini. Así es Charly.  

La única vez que hubo un incidente grave fue cuando en un recital de Sui Generis en Parque Sarmiento (gratis, durante el verano del 2001) un chico fue apuñalado. Al otro día Charly y Nito le llevaron una guitarra al hospital. Según los archivos de la época en declaraciones a la prensa Charly “amenazó” con matar (¡!) al agresor (“yo tengo amigos en la mafia”) y dijo: "Me hago responsable de lo que pasó porque el chico vino a verme a mí. Entonces lo va a alegrar que yo vaya a verlo a él".

Charly, no sin su habitual cuota de clasismo (¡incluso varias veces habló de la tan odiada "meritocracia"!), alguna vez se refirió a la buena educación de su público en comparación con el de otros artistas. Ese prejuicio hacia el Otro, por supuesto, no es patrimonio exclusivo de Charly (2) sino de buena parte de la opinión pública del rock argentino, que, si es necesario, de un sábado a un domingo te replica la bajada de línea de un Fantino o un Baby Etchecopar sin sonrojarse. El desprecio con el que hoy se está hablando del público del Indio Solari en los medios revela una lamentable falta de empatía y la confusión semántica de que el "marginado" en realidad es "marginal". Habría que ver televisión sabiendo que toda confusión semántica conlleva una elección ideológica.   

En el libro 100 veces Charly, de José Bellas y Fernando García, Javier Pedelaborde cuenta que Poli llamó a SNM después de que hiciera algunas declaraciones en contra de la banda. Esto no está en el libro pero, si no recuerdo mal, en una de sus típicas chicanas, decía que él era mejor guitarrista que Skay. Según Pedelaborde Poli le pasó con el Indio y Charly, entre otras cosas, le dijo: "Indio, si querés ser cacique no dejes que se peleen los de tu tribu".

En el primer lustro de los 80 García se ofreció a producir el primer disco de Los Redondos y ellos, "muy amablemente", se negaron. Una decisión más ética que estética: Charly representaba todo lo que el Indio no quería ser. No tenía nada que ver con su idea del rock. De hecho/ se da por hecho que el Indio le dedica a Charly el estribillo de "Todo un palo": "Yo voy en trenes, no tengo donde ir". Ahora vuela un jet hacia el sur. La cósmica cintura es el folclórico ataúd del rock nacional. Sin embargo el Indio se mostró mucho más interesado en hablar de García que al revés. Como criticó el predominio del anecdotario por sobre su obra también lo reconoció como "artista existencial" y autor de letras atractivas. De hecho en una reciente entrevista concedida al programa La nota del Siglo cuando le preguntan qué artistas le gustaban del rock argentino, después de aclarar que su formación es básicamente anglo, al primero que menciona es a “García”.

"De Indio a millonario" decía el informe, tan Simpsons. Estos informes están basados en la condena moral. Los capitalistas se asustan de la existencia de otro capitalista. Se parte de la falsedad de que el público que sigue al Indio no sabe que es millonario. Como si el Indio Solari diera a entender que vive en Fuerte Apache y no llega a fin de mes. Nada más alejado de la verdad. Las entrevistas al Indio Solari tratan sobre eso. Sobre el conflicto de un tipo que se dio cuenta que perdió la calle pero que sus canciones siguen ahí. Pero esto no es nuevo. El discurso del Indio siempre estuvo atravesado por saberse parte de una elite, una especie de burguesía cosmopolita, que estaba a años luz del público que lo seguía. En El Hombre ilustrado Gloria Guerrero transcribe una declaración esclarecedora en ese punto: "Una de las cosas que facilitó la cultura del rock era que éramos de clase media, entonces podíamos abandonar el televisor y la heladera para ir a vivir a una comuna en pelotas y tomar tripas y qué sé yo. Al que le cuesta abandonarlas es al que no tiene nada: si me costó veinte años tener una heladerita, cómo la voy a quemar para hacer una experiencia".

La gran paradoja es que Los Redondos empezaron como un artefacto con proyección contracultural. De hecho la información que Solari trafica en sus numerosas entrevistas (sólo hace falta buscar en YouTube para desactivar el lugar común) tiene que ver con la nueva izquierda, los yippies, las experiencias comunitarias y la experimentación con drogas. A fines de los 70, cuando ofrecen sus primeros shows, pero también cuando debutan discográficamente (1985) García era el artista que más convocaba. En esa época el rock argentino no se había expandido lo suficiente. Los máximos hitos de asistencia eran el Adiós Sui Generis, Serú Girán en La Rural y el emblemático Ferro 82. En el centro de todos esos escenarios estaba García. De eso se quieren diferenciar Los Redondos. Esto no es ni bueno ni malo, a mi modo de ver. Simplemente se trata de una observación para dimensionar lo atractivo que es analizar de qué manera evoluciona la carrera de un artista y cómo siempre hay algo que se gana y que se pierde. Hoy el músico de culto es Charly.

(1): Recuerdo algunas bengalas y haber escuchado con estupefacción "Que se muera Cerati la pmqlp", rotunda muestra de ignorancia bibliográfica con respecto al obvio antagonismo entre Charly y Luca. Nótese que el término "chabón" no está usado en forma despectiva. Todos somos chabones.

(2): Charly combina, fiel a su estilo, dosis antagónicas de compromiso e incorrección política. Siempre lo salva su humor.

domingo, 12 de marzo de 2017

Juzguemos a los otros


En los días previos al recital del Indio Solari en Olavarría los medios y la "opinión pública" se hicieron eco del denominado "fenómeno" multitudinario con ese regodeo que generan las cifras con varios ceros. Los trescientos mil ricoteros se pueden sumar al contrato de Tévez en China, los millones de los bolsos de López o la cantidad de pobres en la Argentina. En la repetición permanente de estas súper cifras existe algún tipo de goce masturbatorio que por lo general invalida cualquier análisis sobre las causas (disímiles) que producen tales efectos.

Lo cierto es que una vez conocida la noticia de que una avalancha había producido heridos y muertos en pleno recital esa fascinación casi demográfica por la cantidad de gente que asistiría al show se convirtió, por arte de magia, en una condena automática hacia el artista o el público o los encargados de Seguridad o los representantes del Estado que no previeron la tragedia o alguno de esos elementos o todos esos elementos juntos. La multiplicación de responsables, pertenecientes a diferentes esferas sociales (de las que podríamos formar parte incluso quienes nunca fuimos a un recital del Indio), por supuesto no activó una conducta autocrítica sino otra, más cercana a la Inquisición. 

La esencia del discurso hegemónico de los medios y las redes sociales parece hallarse en una necesidad imperiosa para señalar culpables. Como sabemos, juzgar a los demás es la mejor manera que tenemos de no hacernos cargo de nada y dormir tranquilos. Incluso sentimientos tan profundos como la tristeza por una tragedia tan dolorosa son desactivados en el afán de encontrar a los culpables y arrojarlos al cadalso mediático.  

Cuestiones políticas, sociológicas y estilísticas se mezclan de manera atolondrada cuando se habla de los recitales del Indio. Se puede percibir una indisimulable y penosa satisfacción en quienes lo acusan de ser K o un millonario egocéntrico, de tener un público compuesto por "negros" o de hacer una música que no forma parte de ciertos parámetros estéticos. "Yo te dije" es la odiosa frase que respalda, de modo omnipresente, estos discursos. Del lado ricotero de la vida ciertos planteos cercanos a una conspiración por parte del Gobierno, por lo pronto, se asemejan a una reacción tan ingenua como paranoica, probablemente ligada a la incertidumbre que genera ver a un ídolo contra las cuerdas morales de la Sociedad. La verdad es que a ninguno de los aparentes responsables, por más malos, sucios y feos que sean, les conviene que haya muertos en un recital. Esto no quiere decir que nadie se deba hacer cargo de los heridos y de los muertos pero sí que se tome con pinzas la idea de una tragedia prestidigitada por un genio maligno.   

Quedará en manos de la justicia, del imaginario popular y del paso del tiempo determinar qué grado de responsabilidad tiene Solari en la muerte de dos de sus fans. La mitificación del "pogo más grande del mundo" y el alarde de su capacidad de convocatoria (que en el documental "Tsunami. Un océano de gente" lo llevó a bromear con un enfrentamiento con los Rolling Stones) más que una culpabilidad logística determina, con el diario del lunes, una improcedencia ética tan evidente como difícil de remarcar para quienes a veces no podemos hacernos cargo de organizar un cumpleaños con suficientes sillas para los invitados. "¡Me voy a hacer una paja!" aulló Charly García, maravillado, tan honesto y brutal como siempre, al observar las trescientas mil personas que habían asistido a su recital en Puerto Madero en 1999. Habría que analizar seriamente qué clase de consecuencias psicológicas tiene ser y creerse el aglutinador de tantas sensibilidades ajenas.  


Lo cierto es que desde el caso Bulacio Solari parece condenado a ser visto como el chamán que descuida a su tribu. Haber ayudado a construir a ese chamán (que hoy se llama Solari y mañana puede tener otro nombre), creernos parte de una tribu signada por sus designios, tampoco debería ser pasado por alto.